¿Qué son las falsas memorias?

   La memoria declarativa no es una cámara de video que reproduce de forma fiel el pasado, por el contrario es altamente maleable, sujeta a distorsiones, pudiendo dar lugar a la formación de falsas memorias, es decir, recuerdos de eventos que nunca ocurrieron.

   Elizabeth Loftus, pionera en el estudio de la formación de falsas memorias observó que dependiendo de la pregunta que realizaba a los participantes que habían observado previamente un video de un accidente automovilístico, podía generar falsos recuerdos de haber visto objetos (por ejemplo, un establo) que no estaban realmente presentes en la escena. A este fenómeno lo denominó Efecto de Desinformación (misinformation effect) y se refiere a la tendencia de que una información errónea posterior al evento puede reducir la precisión de la memoria del evento inicial y cuanto más sutil sea la discrepancia entre la información original y la sugerida post-evento, mayor el efecto. Más aún, no solo puede modificarse un detalle de la memoria sino que puede implantarse la memoria de un evento completo que nunca ocurrió.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  Desde la Neurociencia, podemos explicar la generación de falsas memorias como producto de los procesos de consolidación y reconsolidación. Las memorias no se forman instantáneamente, sino que siguen una dinámica temporal. Luego de su adquisición atraviesan un período de labilidad en el cual son sensibles a los agentes amnésicos y facilitadores, seguido por un proceso de estabilización denominado consolidación. Una vez consolidadas, las memorias pueden ser reactivadas durante la vigilia, por la presentación de un recordatorio, retornando así a un nuevo estado de labilidad que disminuye a medida en que progresa el tiempo e implica una fase de re-estabilización conocida como reconsolidación. Para inducir labilización, el recordatorio debe generar un error en la predicción, es decir, una incongruencia entre lo que el sujeto espera de acuerdo a lo vivido previamente y lo que realmente ocurre durante la reactivación. A su vez, el proceso de reconsolidación representa una oportunidad única para modificar la información almacenada. Durante este proceso, la misma no solo puede perjudicarse sino que puede mejorarse o incluso incorporar nueva información dentro de la misma memoria. Así, luego de la adquisición de nueva información (por ejemplo, ser testigos visuales de un robo) la memoria se encuentra en un período de labilidad, por lo tanto la misma es susceptible a ser distorsionada en su contenido. Lo mismo ocurre al presentar recordatorios del evento que pueden desestabilizarla y producir distorsiones en su contenido con nueva información o información alterada, durante el proceso de reestabilización, pudiendo dar lugar a la formación de recuerdo de hechos que nunca ocurrieron.

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